miércoles, 26 de octubre de 2016

Domingo en la Campiña de San Pedro

El Domingo pasado nos subimos al auto y emprendimos camino al norte con destino al Río Tala, cerca de San Pedro. Es uno de los primeros domingos que podemos disfrutar de escapada hacia el aire libre luego de que marido tomara la sabia decisión de abandonar su torneo de fútbol...

Luego de una semana que amenazaba lluviosa y poco primaveral, el dia arrancó soñado y previa compra de medialunas y preparación de mate rutero, partimos raudos a conocer la Campiña de Mónica y Cesar.
La idea la tenía hacía muchisimo, porque en el fondo de mi corazón he fantaseado tantísimas veces con la idea de retirarme al campo a vivir de la producción de mis frutales y hacer mermeladas... hay alguien que no? Por eso la curiosidad era grande y cuando escuché una entrevista de Mónica en la radio, reviví la idea, me contacté con la gente de prensa y reservé mi lugar para el almuerzo en el restaurant del establecimiento.

Tuvimos la suerte de que una pareja amiga queridísima nos acompañara en este mini viaje. Llegamos cerca del mediodia justo a tiempo para la visita guiada que recién comenzaba.
Si bien me encantó el lugar, super tranquilo y placentero para pasar el día, la visita guiada fue corta para mi gusto; conocimos los frutales a los cuales se dedicaban, que eran básicamente los naranjos, duraznos e higos. Había una parte de empaquetado y distribución y después nos mostraron como al pasar, el vivero con varios plantines a la venta, el palomar de César y el Rosedal de Mónica. Ahi fue donde me perdieron...
Me quedé atrapada oliendo el olor exquisito de esas rosas, que además eran de todos los colores imaginables. Me sorprendí de mí misma, porque si bien las rosas no son de mis flores favoritas, el hechizo de ese lugar hizo que no pudiera dejar de caminar, oler y disfrutar de ese paisaje, Creo que de toda la visita ese rosedal es lo que vale realmente la pena.
La guía nos explicó que todo había sido obra de César, como regalo de cumpleaños de Mónica luego que ella volviera de una largo viaje. Cúanto amor...


El almuerzo en el restaurant fue riquisimo pero como punto flojo debo decir que el servicio tarda muchísimo en atenderte, estuvimos en total dos horas y media sentados a la mesa, lo cual me pareció demasiado tiempo, hubiera preferido seguir disfrutando de todo lo que ofrecía el exterior.

Por la tarde el plan era recorrer San Pedro y su paseo al río, pero la chica que nos atendió durante el almuerzo muy amablemente nos comentó que ese día en particular San Pedro iba a ser una fiesta; había un gran recital gratuito de Axel y por eso no ibamos a poder disfrutar de ninguna paz frente al río para tomar mate. Decidimos cargar los termos y quedarnos entonces a ver el atardecer en la misma Campiña. No es que no me gusten los recitales, pero la aglomeración de gente me asusta un poco.


Por supuesto que los vimos a Mónica y César, los dos dando vueltas por el restaurant, hablando con los empleados, tratando de pasar desapercibidos, a pesar de la gente que les pedía fotos a cada ratito. Yo no tengo ninguna porque no soy cholula, sepan disculpar!